El cuento de la Sopa y los problemas de Comunicación
– ¿Qué desea, señora?
– Quiero que pruebe la sopa.
El camarero, sorprendido, reaccionó rápidamente con amabilidad, preguntando a la señora si la sopa no estaba rica o no le gustaba.
– No es eso, quiero que pruebe la sopa.
Tras pensarlo un poco más, en cuestión de segundos el camarero imaginó que posiblemente el problema era que la sopa estaría algo fría y no dudó en decirlo a la mujer, en parte disculpándose y en parte preguntando.
– Quizás es que esté fría señora. No se preocupe, que le cambio la sopa sin ningún problema…
– La sopa no está fría. ¿Podría probarla, por favor?
El camarero, desconcertado, dejó atrás la amabilidad y se concentró en resolver la situación. No era de recibo probar la comida de los clientes, pero la mujer insistía y a él ya no se le ocurrían más opciones. ¿Qué le pasaba a la sopa? Lanzó su último cartucho:
– Señora, dígame qué ocurre. Si la sopa no está mala y no está fría, dígame qué pasa y si es necesario, le cambio el plato.
– Por favor, discúlpeme pero he de insistir en que si quiere saber qué le pasa a la sopa, sólo tiene que probarla.
Finalmente, ante la petición tan rotunda de la señora, el camarero accedió a probar la sopa. Se sentó por un momento junto a ella en la mesa y alcanzó el plato el plato de sopa. Al ir a coger una cuchara, echó la vista a un lado y otro de la mesa, pero… no había cucharas. Antes de que pudiera reaccionar, la mujer sentenció:
– ¿Lo ve? Falta la cuchara. Eso es lo que le pasa a la sopa, que no me la puedo comer.
Si has leído esta historia, extraída de un libro de cuentos de Jorge Bucay, podrás darte cuenta de que muchas personas se empeñan en que las entiendan con indirectas, sin ir al grano, dando rodeos, pretenden que otros adivinen por qué dicen, hacen o piensan de determinada manera.Lo cual hace que la comunicación se torne muy dificultosa, cuando todo puede ser mucho más sencillo. Las demás personas no son iguales que nosotros, ni están en nuestra mente y muchas veces no entienden, por muy aparente que así sea, por qué actuamos de determinada manera.
Y tú, ¿te comunicas con indirectas o siempre usas un lenguaje claro y directo? ¿Conoces a personas como la señora que pidió la sopa?
La Fuente de donde fue extraído.
LOS TRES FILTROS
En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
-¿Sabes lo que escuché de tu amigo?
-Espera un minuto-replicó Sócrates. Yo lo llamo el examen del triple filtro.
-¿Triple filtro?
- “Correcto”, continuó Sócrates. “Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.”
- “El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?”
- “No”, dijo el hombre, “realmente solo escuché sobre eso y...”
- “Bien”, dijo Sócrates. “Entonces realmente no sabes si es cierto o no.”
- “Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?”
- “No, por el contrario...”
- “Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto.”
- “Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
- “No, la verdad que no.”
- “Bien”, concluyó Sócrates, “si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil... ¿Para qué querría saberlo?
Usa ese filtro cada vez que te comentan algo de tus amigos o algún ser querido.
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El sueño de un Sultán
En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna. El Sultán era un hombre muy temperamental, además de supersticioso. En una ocasión, el poderoso Sultán tuvo un sueño muy vívido en el que iba perdiendo todos los dientes hasta quedarse sin ninguno.
Inmediatamente después de despertar, muy confundido por lo que había soñado, mandó llamar urgentemente a uno de los sabios de su corte para que interpretase su sueño. El sultán le describió el sueño tal y como lo recordaba.
– ¡Que desgracia Mi Señor! – contestó el Sabio – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
– ¡Que insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa?, ¡¡¡Fuera de aquí!!!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, insatisfecho con la explicación, ordenó que le trajesen otro Sabio y le contó lo que había soñado.
Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
– ¡Oh Excelso Señor!, gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus parientes.
Al escuchar esto se Iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro al Sabio.
Cuando éste salía del palacio, uno de los consejeros reales, que había asistido a ambas escenas, le dijo admirado:
-¡No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer Sabio que vino esta mañana. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos, mientras que a vos os premia con cien monedas de oro.
-Recuerda bien amigo mío – respondió el segundo Sabio – que todo depende de la forma en el decir…, uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.
Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que se comunica es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.
La verdad – continuó el Sabio – puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado. Date cuenta, que en ambas situaciones, el valor de la piedra preciosa es el mismo, y acaba llegando a manos de su destinatario, pero el resultado es muy diferente.
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